El conflicto bélico en Medio Oriente, iniciado por un tándem, liderado por Netanyahu y secundado por Trump, muestra el objetivo de un personaje narcisista, ávido de poder que ejerce la primera magistratura del país de las 51 estrellas. Detrás de esta afección mental Trump disimula la histórica disputa con China, por el control estratégico, económico, político, bélico y cultural del planeta. En el intento de colonizar otros estados, Trump ya había recurrido, al FMI, a los aranceles, al narcotráfico etc., e incluso al secuestro por la fuerza de quienes no aceptaban ser sus súbditos. En la aventura, los miembros del tándem, coordinaron sus ejércitos para lograr sus objetivos, mediante un desmesurado ataque al pueblo iraní. El primer Ministro Israelí, sostiene, que el ataque preventivo, garantiza la seguridad política y geográfica de Israel. Trump usufructuó la coyuntura, para intentar aislar a China, mediante la fantasía de querer elegir él a la máxima autoridad de Irán y lograr así el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde sale el petróleo al Mar Arábigo, procedente de Irán y Arabia Saudita, con destino al Mercado asiático. Obnubilado por su afección, Trump no advirtió, que por el mismo estrecho, pasan dos millones de barriles por día con destino a EU, por lo tanto el daño alcanzaría, también al imperio. Obviamente la evolución de la crisis impone cambios constantes, por lo tanto el daño que el conflicto producirá a las economías mundiales, sería inevitable. En el caso particular de Argentina, un Milei desbordado por la crisis económica, y el cierre de los mercados financieros, reaccionó con frases, como: “Vamos a ganar la guerra”; “Soy el presidente, más sionista del mundo”, colocando al país en el ojo de la tormenta, marcándonos como enemigos del pueblo iraní, porque por su decisión, ahora somos la pata sionista de la región.
José Emilio Gómez
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